Cuando el entrenamiento deja de ser un refugio – Deporte y exigencia

Tabla de contenidos

Estar activo o estar saturado

El deporte está cada vez más presente en nuestra sociedad. Se está evolucionando hacia un estilo de vida más saludable y activo, y hemos avanzado hacia una mayor conciencia sobre la importancia de cuidarnos, movernos, descansar y alimentarnos bien, favoreciendo nuestra salud física y mental. Se trata de un avance muy positivo ya que el deporte entre otras cosas, nos ayuda a regular el estado de ánimo, reduce el estrés y facilita una mayor conexión con uno mismo.

Vivimos en una cultura donde constantemente se nos presentan retos y objetivos que cumplir; correr maratones, entrenar todos los días, superarnos constantemente. Y poco a poco, podemos correr el riesgo de evolucionar hacia un escenario donde lo que acaba importando es la marca, el resultado y no el camino ni el propósito con el que en un inicio empezamos. Este escenario, muchas veces, no tiene en cuenta la realidad de nuestro cuerpo ni su periodo de adaptación, nuestra historia o nuestro momento vital.

El problema no es hacer maratones, sino hacerlas cuando todavía no estemos preparados, lo cual supone no disfrutarlas o hacerlas desde un “tengo que”, por cumplir ciertos estándares y no desde el “quiero».

Porque empezar a hacer deporte no debería significar empujar al cuerpo hacia metas extremas para sentir que lo estamos haciendo bien. Sin embargo, en una sociedad donde el rendimiento y la superación constante se idealizan, es fácil caer en la idea de que cuidarse implica hacer más, aguantar más y exigirse más.

Pasamos de conectarnos a desconectarnos:

  • De las señales de cansancio
  • De las molestias físicas
  • Del hambre real
  • Del descanso
  • De nuestros límites

Es ahí donde aparece el riesgo de que el deporte deje de ser un espacio de autocuidado para convertirse en una nueva fuente de presión. Que el “quiero moverme” se transforme en “tengo que entrenar”. Cuando el cuerpo deja de ser escuchado y empieza a ser forzado nos puede provocar más activación, más alerta, más presión, más distancia con uno mismo.

Por eso, quizá sea importante revisar cómo nos estamos relacionando con el deporte. Entender qué lugar ocupa la exigencia en esta relación y preguntarnos si aquello que llamamos salud está realmente naciendo desde el cuidado o desde la presión de cumplir con un ideal. Porque el deporte puede ser una herramienta de regulación y bienestar, pero solo cuando el cuerpo y el sistema nervioso encuentran en él seguridad, no amenaza.

El paso de quiero a tengo

Es frecuente escuchar frases del estilo:

“Tengo que levantar más peso”

“Tengo que correr más distancia”

“Tengo que hacer más competiciones y carreras”

“Tengo que entrenar más días”

Ese tengo, te empuja, te presiona, te activa y te agota. El quiero, te conecta, te regula y te recarga.

Y no estamos hablando de esos días en los que simplemente cuesta más. Días en los que da pereza entrenar, en los que el cuerpo pesa o en los que repetir el mismo esfuerzo de siempre se siente más difícil. Eso forma parte del proceso y es completamente normal. En esos momentos, a veces, toca sacar un poco de fuerza y darse ese pequeño empujón. El esfuerzo también es parte del deporte.

El problema aparece cuando todo el vínculo con el deporte se sostiene desde el “tengo que”. Cuando deja de ser una elección y se convierte en una carga. Cuando entrenas desde la obligación, la culpa o la presión constante. Ahí es importante parar y revisar desde dónde te estás moviendo. Porque no se trata de hacer más, sino de hacerlo desde el “quiero”, desde un lugar donde el deporte sume bienestar y no se convierta en una nueva forma de exigencia.

No es lo mismo salir a correr porque sientes que te viene bien mover el cuerpo, despejarte y sentir energía, que salir porque sientes culpa si no lo haces. ¿Entrenar para disfrutar o entrenar para compensar?

Tu cuerpo tiene tiempos

En nuestro día a día, podemos llegar a normalizar el exigirnos constantemente, incluso cuando nuestro cuerpo nos está pidiendo un poco de pausa.

En este escenario, nos olvidamos de un factor muy importante y es que, nuestro cuerpo, ante nuevos hábitos, tiene tiempos.

No podemos pedir a nuestro sistema algo para lo que aún no está preparado. Si lo que te ha motivado para empezar a correr es terminar una maratón, ese objetivo puede suponer una gran motivación y fuente de ilusión, y eso está bien. El problema viene cuando no tenemos en cuenta que nuestro cuerpo necesita un tiempo para adaptarse a ese nuevo estilo de vida. Recuerda que cualquier deporte necesita sus tiempos, e intentar acelerarlos no hace más rápido el proceso, ni te acerca a tu meta. Avanzar en el deporte no es ir más rápido, sino respetar y escuchar los ritmos que marca tu cuerpo para poder sostenerlo en el tiempo y poder ir fijándote nuevas metas.

Si tu objetivo es comenzar a hacer deporte e ir al gimnasio, no empieces entrenando todos los días de la semana 2 horas. Ve haciéndolo de forma progresiva, poco a poco, escuchando a tu cuerpo. La adaptación fisiológica necesita repetición y progresión. Recuerda que el cuerpo no se adapta a un cambio desde la inmediatez.

Queremos ver resultados rápido, validación, tener el check de todos los retos posibles en muy poco tiempo. Puede que hayas completado una carrera de 10km bien, a gusto, pero eso no significa que tu cuerpo esté adaptado a la distancia de una maratón, dale tiempo, deja que se adapte, respeta tu cuerpo y las señales que te manda.

Porque todo esto nos lleva a forzarnos. Forzar músculos, ritmos, sistemas nerviosos.

Y el cuerpo te responde con:

  • Lesiones
  • Dolor
  • Apatía
  • Rechazo

Por eso, escucha a tu cuerpo, te manda señales, respetalas y acompáñate desde la seguridad.

El cuerpo recuerda, el deporte expresa

 Nuestra relación con el esfuerzo, puede haberse visto afectada por nuestra historia y nuestras vivencias anteriores. Por experiencias donde aprendimos a vincularnos con el valor y con destacar, desde ambientes donde el amor estuvo condicionado por el rendimiento.

Es importante reflexionar sobre si el deporte se está convirtiendo en este punto en una forma de replicar esa dinámica, donde el vínculo que establecemos con él, puede estar influenciado por viejas heridas.

Te pongo algunos ejemplos:

  • Si aprendimos que descansar, era vagancia, descansar dolerá.
  • Si aprendimos que parar, era fallar, parar activará la culpa.
  • Si aprendimos que sólo éramos vistos cuando destacábamos, exigirte será familiar.

Y todo aquello que se percibe como familiar, aunque duela, nuestro sistema lo reconoce como seguro.

Por eso, muchas personas viven la autoexigencia con normalidad, porque su sistema fue entrenado así.

Parte desde donde estás, no desde donde quieres estar

Cuando comenzamos a hacer deporte es importante observar desde qué punto partimos.

Tal y como hemos dicho antes, si llevas mucho tiempo sin hacer deporte, tu cuerpo necesita adaptación y habituarse a ese nuevo estímulo. Puede que te sientas muy capaz de hacer una carrera de 10km pero es importante que tu cuerpo se adapte a esa distancia y se sienta seguro en ella, en ese momento es cuando podemos ofrecerle por ejemplo,  la alternativa de poder subir kilómetros a nuestro objetivo.

Todo esto tiene una explicación, y es que, cuando comenzamos a hacer deporte, especialmente actividades de impacto como correr, se ponen en marcha procesos de adaptación a nivel cardiovascular, muscular, tendinoso, articular e incluso óseo que no ocurren de forma inmediata. Estructuras como tendones, ligamentos y tejido conectivo necesitan tiempo para ganar resistencia y tolerancia a la carga, mientras que otras, como la capacidad cardiorrespiratoria, pueden aparecer relativamente rápido.

Por eso, plantearse realizar de forma inmediata objetivos de alta demanda, como una maratón o una ultramaratón, en fases iniciales de entrenamiento, puede resultar problemático: el sistema puede tener motivación para sostenerlo, pero el cuerpo todavía no tiene capacidad fisiológica para absorber ese volumen e intensidad de impacto.

En actividades deportivas, progresar no consiste en ir más rápido, sino en respetar los tiempos biológicos de adaptación para que el cuerpo pueda integrar el esfuerzo sin colapsar. Por ello, es importante que escuches las señales que te manda tu cuerpo, ya que descansar, no te hace débil, bajar el ritmo construye, la pausa, a veces, es necesaria.

¿El deporte y tú sois amigos o enemigos?

¿Alguna vez te has preguntado cómo te relacionas con el entrenamiento?

El deporte también es el vínculo que haces contigo mismo cuando lo practicas. Cuidarlo es esencial para mantenerlo y que pueda cumplir su función reguladora, haciendo que disfrutemos y conectemos con nosotros mismos.

Por ello, es importante revisar los aspectos que forman ese vínculo. La comunicación que tienes contigo mismo cuando practicas deporte, el cómo te hablas cuando fallas o no llegas a un objetivo establecido, cómo te sientes cuando no cumples o rindes o si te permites o no descansar.

El deporte necesita que te vincules con él desde la seguridad, la compasión, el no castigo y la flexibilidad.

Puede ayudarte a reflexionar sobre tu relación con el deporte hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Me siento mejor después o más presionado?
  • ¿Puedo descansar sin culpa?
  • ¿Puedo adaptar mi rutina sin sentir fracaso?
  • ¿Estoy escuchando a mi cuerpo o luchando contra él?
  • ¿Estoy buscando salud o validación?
  • ¿Esto me acerca a mí o me aleja?

Cómo relacionarse mejor con el deporte.

 Construir una relación sana con el deporte no es solo introducir una nueva rutina en tu día a día, sino hacerlo desde un punto que te permita mantenerla a lo largo del tiempo.

Muchas veces la forma en la que incorporamos el deporte a nuestras vidas, hace que desarrollemos una mayor autoexigencia, necesidad de compararnos con otros, o validación constante.

Este artículo pretende que puedas introducir una nueva rutina de deporte en tu vida y mantenerla a lo largo del tiempo, desde un punto de vista sano, amable y seguro contigo mismo, que te permita, poco a poco, llegar a los objetivos que te plantees desde la seguridad y el disfrute.

¿Por dónde puedes empezar?

  1. Revisa desde donde nace tu motivación: La motivación desde donde lo haces es importante, ya que no es lo mismo hacer deporte desde el “quiero cuidarme” o desde un objetivo de superación, que desde el “si no lo hago no estoy haciendo suficiente». Observar esto es esencial para construir un vínculo seguro con el deporte.
  1. Escucha y respeta a tu cuerpo: El cuerpo constantemente se comunica con nosotros a través de señales que tenemos que escuchar. No siempre necesita lo mismo, unos días podrá entrenar con fuerza y otros, simplemente, necesitará descanso o menos intensidad en los entrenamientos. No te frustres por ello, permitirte el descanso o entrenar a menor intensidad ya que esto es necesario para poder formar una relación segura y placentera con el deporte.
  1. Permítete rendimiento y cuidado: Está bien si tienes un objetivo, exigirte entrenar para poder alcanzarlo pero, hay días que, debido a las pequeñas cosas que nos van pasando, necesitamos tal vez un entreno que nos permita despejar y disfrutar. Esos días en los que el entreno consiste en salir a correr, por ejemplo, hacerlo sin reloj, ni tiempo, ni kilómetros fijados. Combinar ambos modos de entrenamiento es esencial para que nuestro sistema encuentre el equilibrio.
  1. No te compares: En el mundo en el que vivimos, es común ver que lo normal es fijarse objetivos grandes, pero, no todos tenemos el mismo contexto, y no por ello eres menos o tu objetivo deportivo es menos válido. Recuerda: es igual de válido que quieras pasear, correr 10km, hacer un ironman, bailar o hacer senderismo, no tienes que hacerlo desde lo que nos muestran, sino desde lo que conectas y disfrutas.
  1. Se flexible con tus objetivos: Se flexible contigo mismo. Aunque te hayas propuesto un objetivo, puede que estés pasando por un momento personal que te haga conectar menos con ello, o que simplemente, hayas conectado más con otra cosa. Por eso, permítete ser flexible, porque a veces, simplemente estás bien cómo estás, y no necesitas más que sostener. A veces, necesitas bajar, a veces cambiar y a veces, parar.
  1. Observa tu diálogo interno: El deporte te permite ser tu mejor hincha o tu peor enemigo: Observar cómo es tu diálogo interno, te permite vincularte con el deporte de forma diferente. Si eres muy crítico contigo y te castigas mucho cuando no entrenas o cuando entrenas con menos intensidad, tal vez, necesites revisar desde donde te relacionas con el deporte. El deporte no tiene que ser un espacio donde te atacas, sino donde te respetas y te animas. Debe ayudarte a regular, conectar y sentirte mejor contigo mismo.

El objetivo no es hacer más, sino hacerlo bien, y cuando el deporte se hace desde el cuidado, se convierte en casa, y de eso se trata.


Artículo escrito por Álvaro Sardinero, psicólogo colaborador de Psicología MR

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

logo
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.