Hoy en día, es frecuente ver en redes o escuchar en nuestro entorno que aspirar a la perfección en todos los ámbitos de nuestra vida es algo positivo, algo que tenemos que buscar, una virtud que nos hace ser más responsables y, en cierta medida es así, pero a veces, buscar esa perfección desgasta, nos genera ansiedad, malestar y nos hace sentir insuficientes.
Es habitual escuchar este tipo de afirmaciones:
“Si no lo hago perfecto, mejor no lo hago”
“Siento que nunca es suficiente”
“Siempre hay algo que podría haber hecho mejor”
“Me da miedo equivocarme”
Esa tendencia al perfeccionismo no aparece de la nada, no naces siendo perfeccionista, en realidad, es una manera en la que aprendiste a protegerte, por eso, es importante entender todo lo que hay detrás.
Querer hacer las cosas bien no es perfeccionismo
El perfeccionismo no es querer hacer las cosas bien. Hacer las cosas bien en realidad es sano, ya que implica que buscas hacer bien tu trabajo, ser mejor contigo mismo y con los demás.
El perfeccionismo surge cuando hacer las cosas bien ya no es suficiente, cuando sientes una presión constante en todo lo que haces, cuando no te permites fallar, cuando solo te sientes bien si el resultado ha sido perfecto.
En ese caso no hablamos de hacer las cosas simplemente bien, no hablamos de compromiso ni de motivación, hablamos de que estás buscando la perfección para sentirte bien, para sobrevivir.
Entonces, ¿dónde nace el perfeccionismo?
Tu sistema nervioso no nace en ese estado de alerta, son tus experiencias, tu historia, lo que te va llevando a ello.
El perfeccionismo viene a defenderte de experiencias donde:
- El error conllevaba críticas, rechazo, desaprobación o castigo.
- Hacer las cosas perfectas te acercaba a tu entorno y el fallo te alejaba.
- Había una alta exigencia o expectativas difíciles de alcanzar.
- Crecer en un entorno que también es muy perfeccionista y exigente.
Es entonces cuando se aprende que:
“Tengo que ser perfecto para que me quieran”
“No puedo fallar”
“Si no alcanzo el éxito me pueden rechazar”
No surge desde la responsabilidad ni la motivación, ni el compromiso contigo, ni de lo que haces, sino desde la protección.
Perfeccionismo y sistema nervioso
Buscar ser perfecto, implica que tengas que estar en alerta en varios aspectos de tu vida, en la imagen física, en el trabajo, en las relaciones, y eso agota, desgasta.
Tu sistema nervioso se siente seguro en la perfección, en el control, porque eso le aleja de poder conectar con el error, con el “no soy suficiente”, con el “tengo que ser perfecto para que me quieran”. Y, a pesar de ello, nunca te sentirás seguro, porque siempre habrá algo que corregir, algo en lo que mejorar o algo en lo que compararte, sin poder descansar.
Y es que, tu sistema nervioso en alerta percibe amenazas a pesar de que tu presente sea seguro, y eso, impide que puedas estar en calma, impide que puedas tener esa sensación de seguridad.
El error no es malo
Cometer errores no es malo, es humano.
El problema viene cuando se atribuye el fallo a un atributo propio, de tal forma que el error se ve como un “no valgo” o “no soy suficiente”, sin tener en cuenta, que en el día a día, hay cosas que no se controlan y que llevan al error.
Por lo tanto, el problema no es cometer errores, es lo que significa y lo que ha supuesto cometerlos.
Y es que, te mereces cometer errores y no machacarte por ellos, poder estar en calma y poder conectar con el proceso, en lugar de estar observando con lupa todo lo que haces.
Consecuencias del perfeccionismo
Vivir en modo alerta, implica que el cuerpo también lo haga, y eso se traduce en tensión muscular, problemas digestivos, insomnio y nuestro cuerpo no está diseñado para permanecer en ese estado de tensión durante tanto tiempo.
Además, buscar esa perfección conduce a que:
- Te bloquees y procrastines por miedo a cometer errores.
- Vivas con una ansiedad constante.
- Te cueste disfrutar del día a día.
- Te evalúes constantemente en diferentes ámbitos (laboral, personal, social etc).
- Y, sobre todo, te sientas cansado de esa lucha interna.
No te machaques por ello
El perfeccionismo es una respuesta automática de tu sistema nervioso, no es algo que elijas conscientemente, por lo que no te sientas culpable ni te machaques por ello.
No intentes luchar contra el perfeccionismo diciéndote a ti mismo “relájate”, “para”, “no seas tan exigente”. Es como decirte que dejes de protegerte sin tener una alternativa, generando más tensión.
Primero, es importante entender que hay detrás, ¿de qué te viene a proteger tu perfeccionismo? De esa forma, empiezas a entender que, tu sistema nervioso “te está jugando una mala pasada”, que está reaccionando como lo hizo en el pasado, pero no sabe que, en tu presente, fallar, cometer errores, ya no es peligroso, es seguro.
Pautas que te pueden ayudar
La solución no pasa por hacer las cosas mal, sino en dejar de vincular tu valor como persona al resultado. Por ello, a continuación, te dejo varios puntos que pueden ayudarte:
- Entiende tu perfeccionismo: Es importante, como hemos comentado en puntos anteriores, entender de dónde viene, cada uno de nosotros tenemos nuestra historia y aprendizajes. Lo primero de todo es que mires y entiendas los tuyos, para comprender de qué viene a protegerte y así poder elegir y romper ese automatismo, además, esto te permitirá mirar con compasión tu pasado, para poder comprenderte y dejar de machacarte tanto.
- Detecta tus alarmas: Observa qué situaciones tu sistema nervioso detecta como peligrosas, que imagen o pensamientos te vienen, como tu cuerpo reacciona ante ellos y, a qué conductas te lleva, como comprobar de manera excesiva o evaluarte y darle vueltas a una cosa una y otra vez.
- Toma distancia de tus pensamientos: Una vez ubiques esa partecita perfeccionista que te viene a proteger, es importante observar que mensajes dice, que pensamientos trae. Puede ayudarte el ver a esa partecita como un personaje externo, tu personaje, dale voz, forma, nombre, tono, y cuando venga, imagina que es él quien te habla. Esto ayuda a reducir el ruido que genera y a bajar un poco la activación emocional cuando aparece.
- Permítete hacer las cosas bien, no perfectas: De todas aquellas cosas que has detectado, selecciona una, la que menos vértigo te dé, y permítete esta semana hacerla bien, no perfecta, para ello, enumera tus máximos y mínimos, la idea es que te muevas en la tonalidad de grises no en el blanco o negro. Tu sistema nervioso, se va a sentir inseguro y eso se va a traducir en malestar, es normal, ya que es algo nuevo para él, se está reajustando, pero necesita experimentar seguridad en hacer las cosas simplemente bien, no hiper perfectas. Por ello, permítete, observa cómo reacciona tu cuerpo y acompaña ese malestar propio de hacer algo nuevo. Así, tu sistema nervioso aprenderá que hacer las cosas bien, o incluso cometer un error no tiene consecuencias negativas, que es seguro.
- Permítete fallar: Tu perfeccionismo no te deja cometer errores, no es cuestión de hacer las cosas mal, sino de aceptar que a veces, cometemos fallos. Selecciona algo en lo que puedas cometer un error sin que suponga una consecuencia muy negativa, por ejemplo, escribir y tachar una palabra, cuando detectes que has tachado algo no reescribas el texto, deja ese tachón. Al principio sentirás malestar, es normal, estás haciendo algo nuevo, acompaña a esa sensación y poco a poco sentirás menos peligro en el error.
- Transforma tu diálogo interno: Probablemente, si te paras a pensar en cómo te hablas cuando cometes un error, eres muy duro contigo mismo. Comienza por pequeños cambios en tu diálogo, es más fácil que si te propones cambiarlo por completo de la noche a la mañana. Para ello, en un momento del día que detectes que te hablas mal, visualiza que hablas de esa forma a tu mejor amigo, posiblemente seas menos machacón y más compasivo.
- Baja tu estado de activación: La perfección y el control lleva a tu sistema nervioso a que esté en alerta, en hipervigilancia, y, no estamos diseñados para estar en ese estado de activación durante un periodo de tiempo prolongado. Procura encontrar en tu dia a día pequeños momentos en los que conectes contigo, con tu entorno. Sal a dar un paseo al sol, desayuna con tiempo, de tal forma que, al final de tu día, tu balanza está equilibrada y no sobresaturada.
- Observa tu cuerpo: Cuerpo y mente están directamente conectados, no es solo lo que te dices, ni tus pensamientos, sino como tu cuerpo está viviendo ese estado de alerta. Para y observa tus sensaciones e intenta acompañarte en el proceso, observando tu respiración, relajando aquellas zonas que detectes tensas, para decir a tu cuerpo que está seguro.
Reconcíliate con tu perfeccionismo
Tu perfeccionismo no viene a hacerte daño, viene a protegerte del sufrimiento que sentiste en el pasado, y gracias a él. te ha permitido ser quién eres.
No se trata de eliminarlo, se trata de decirle que ya no tiene que cargar con tanta presión, que puedes fallar, o hacer las cosas sencillamente bien. Que ahora hay más alternativas con las que sentirse seguro.
Artículo escrito por Álvaro Sardinero, psicólogo colaborador de Psicología MR