Resulta paradójico cómo, justo en plena era de la hiperconexión, es cuando más desconectados estamos de nosotros mismos.
Nunca antes habíamos tenido tantas opciones para comunicarnos, informarnos, entretenernos o “aprovechar el tiempo”.
Nunca antes habíamos tenido al alcance de nuestras manos tanta facilidad para saber, conectar, resolver o actuar.
Sin embargo, pese a todo…
nunca habíamos estado tan cansados, tan ansiosos, tan perdidos, tan anestesiados y desconectados de nosotros mismos.
Parece que algo no cuadra.
Vivimos hiperconectados por fuera y profundamente desconectados por dentro.
Y no porque, a nivel individual, cometamos «fallos» o mostremos signos de especial debilidad o vulnerabilidad.
Sino porque, precisamente, esa desconexión y esa sensación de falta de rumbo es una consecuencia directa del entorno en el que vivimos y de cómo este impacta en nuestro sistema nervioso.
La hiperconexión como norma, no como excepción
Hoy en día, la estimulación constante no es un algo puntual, sino la norma que rige nuestros días.
- Caminamos escuchando música o podcasts.
- Comemos mirando el móvil.
- Vemos una serie mientras revisamos redes sociales.
- Cocinamos con las noticias de fondo.
- Contestamos mensajes mientras “descansamos”.
- Incluso los espacios que antes eran neutros (como los ascensores, las salas de espera o el transporte público) cada vez están más llenos de pantallas, sonidos, anuncios e información…
Parece que el silencio incomode.
Que la quietud queme.
Que el acto de presencia resulte casi extraño.
Nos enseñan a llenar vacíos, a sobrecargar nuestro sistema con exceso de información, movimiento y estimulación.
Esto, lejos de ser inocuo, genera un profundo impacto sobre el cuerpo.
El cerebro aprende el ritmo que le imponemos
El cerebro no es rígido, es plástico.
Esto significa que se adapta constantemente a los ritmos, estímulos y demandas que se repiten en el tiempo. Aquello que vivimos de forma habitual se convierte, poco a poco, en lo normal para nuestro sistema nervioso.
- Si vivimos en un entorno de calma, el cuerpo aprende a descansar.
- Si vivimos en un entorno de urgencia, el cuerpo aprende a estar en alerta.
La neuroplasticidad no distingue entre lo que nos viene bien y lo que nos perjudica. Simplemente refuerza lo que más se repite.
Por eso, cuando el ritmo de nuestra vida es rápido, fragmentado y sobreestimulado, el cerebro se adapta a ese ritmo. Aprende a funcionar en modo acelerado, anticipando estímulos, buscando novedad, evitando el silencio.
Es como si el sistema nervioso se entrenara para vivir siempre con el pie en el acelerador.
¿Qué ocurre?
Que, sumada a esta capacidad de «reprogramación» (neuroplasticidad), no se nos puede olvidar que la función principal de nuestro sistema no es producir, rendir ni mantenerse ocupado, sino garantizar nuestra supervivencia.
Para lograrlo, necesita alternar entre momentos de activación (cuando toca atender, responder o actuar) y momentos de reposo (cuando es momento de descansar, digerir, reparar e integrar lo vivido).
Si esta alternancia se rompe, empiezan los problemas.
La estimulación constante (visual, auditiva, cognitiva y emocional) mantiene al sistema en un estado de alerta constante. No porque exista una amenaza concreta en la propia estimulación, sino porque el exceso de entrada de información le mantiene en un estado de activación y sobrecarga permanente.
Para el sistema nervioso, demasiada información, demasiados sonidos, demasiadas demandas atencionales y demasiadas interrupciones equivalen a una sola cosa: exigencia constante.
Y cuando la exigencia se mantiene en el tiempo, el cuerpo deja de regularse y empieza a defenderse.
Sin descanso, el cuerpo no baja la guardia
En condiciones normales, y cuando digo normales me refiero a saludables, el sistema nervioso sube y baja de intensidad a lo largo del día. Se activa cuando es necesario y se desactiva cuando el entorno es seguro.
Pero cuando vivimos expuestos a estímulos de forma continua (pantallas, notificaciones, multitarea, ruido, información, redes sociales…) el cuerpo no encuentra momentos claros de seguridad.
No hay un «puedo parar», “ya está”.
La constante entrada de información a nivel sensorial genera una hiperactivación interna.
Es como si tuvieras a tu jefe constantemente a tu lado pidiéndote cosas, contándote novedades, explicándote tareas, hablándote de lo que ha hecho o dejado de hacer. Si tuvieras a tu jefe 24/7 encima, ¿no acabarías sumamente agotado?
Pues lo mismo le hacemos al cuerpo con tanta sobreestimulación.
Porque, por mucho que el cerebro esté preparado para activarse, también necesita desactivarse y, cuando no hay pausas suficientes, el cuerpo empieza a funcionar como si siempre hubiera algo que atender, algo que resolver, algo que anticipar.
Cuando la activación se vuelve crónica
Si la estimulación fuera momentánea o se intercalase con periodos de descanso, no habría inconveniente. El problema aparece cuando sometemos a nuestro sistema a periodos de activación durante demasiado tiempo.
Es ahí cuando aparecen señales claras de desregulación:
-
cuesta concentrarse en una sola cosa
-
el descanso deja de ser reparador
-
aumenta la irritabilidad
-
aparecen tensiones musculares persistentes
-
el sueño se vuelve ligero o fragmentado
-
el cuerpo muestra inquietud y nerviosismo
- puede aparecer ansiedad
Esto ocurre porque el sistema está sobresaturado.
A estas señales de desregulación se le suman las de percepción emocional ya que, en estados de cansancio evidente, todo se vive con mayor intensidad, menor filtro y capacidad de regulación.
- Nos desbordamos «a la mínima»
- Pequeños estímulos nos saturan
- Conectamos con el vacío y la infelicidad
- Aparece la tristeza y la pesadez
Como siempre digo en consulta: cuando el cuerpo habla, escúchale porque, aunque su mensaje pueda no gustarte, en él se esconde la clave de la solución.
El cuerpo no entiende de multitarea
Aunque lo hayamos normalizado, el cuerpo no está preparado para la multitarea constante.
A nivel neurológico, no hacemos varias cosas a la vez, sino que cambiamos de foco de forma rápida y repetida. Cada cambio implica un coste energético, una microactivación, un pequeño sobresalto para el sistema nervioso.
Cuando esto ocurre de manera puntual, no pasa nada.
Cuando ocurre durante horas, todos los días, el sistema se agota.
Por eso, muchas personas sienten que no pueden sostener la atención, que se cansan rápido o que necesitan estímulos constantes para no desconectarse del todo.
No es pereza, es fatiga del sistema nervioso.
¿Qué podemos hacer para cambiar de rumbo esta tendencia tan dañina?
Bajar el volumen, hacer «detox»
Cuando digo «detox» me refiero a bajar el volumen de la estimulación para que nuestro sistema pueda volver a escucharse.
No me refiero a vivir ajenos a esta sociedad o a la tecnología, puesto que muchas veces es necesaria.
Un «detox» del sistema nervioso no va de hacer más, sino de permitir menos.
- Menos estímulos al mismo tiempo.
- Menos multitarea.
- Menos ruido constante de fondo.
Y más espacios donde hagamos una sola cosa, caminemos sin auriculares, comamos sin pantallas o estemos en silencio sin tener que llenarlo.
Al principio puede resultar incómodo. Incluso aburrido.
Pero ese malestar inicial no es una señal de que algo vaya mal. Es la señal de que el sistema nervioso está desacostumbrándose a la sobreestimulación y reaprendiendo otro ritmo.
La calma, como la activación, también se entrena.
Cuando el cuerpo empieza a reconocer esos espacios de pausa como seguros, baja la guardia. La respiración se regula. La mente se aquieta. La tensión cede.
No porque hayamos “resuelto” nada, sino porque hemos dejado de exigirle al sistema nervioso que funcione en alerta permanente.
Quizá no necesitamos llenar tantos vacíos.
Quizá muchos de esos vacíos no estaban vacíos, sino esperando espacio.
4 respuestas
Me parece muy bien ahí cosas que aveces no entendemos y que pensamos que es normal exigirnos de más sin saber que lo que estamos haciendo es dañar a nuestro sistema nervioso
Desde luego Ana. A veces no sabemos que hay ciertas dinámicas que nos están haciendo daño… ¡qué importante ese ejercicio del «darse cuenta»!
A veces el cuerpo necesita que paremos, observemos y seamos conscientes el impacto de nuestro día a día 💗
Gracias por tus palabras!!
wish you best and best
色即是空,空即是色